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REPORTAJE
Una vida unida a la "perla negra"
  •  Eliseo Nicolás lleva 20 años trabajando el azabache en su taller de Reconco, en Grado
ALEXIA E. MARTIN
03/02/2004 
Eliseo Nicolás, "Lise" es uno de los pocos azabacheros que existen en Asturias.
Foto:ALEXIA E. MARTIN

Desde primeras horas de la mañana Eliseo Nicolás trabaja en su taller de Reconco, en uno de los pueblos del concejo de Grado. Natural de Pravia, conoció el azabache hace casi 20 años, momento en que, tal como él reconoce, fue "seducido por su magia".

Han transcurrido dos décadas difíciles, sobre todo, por la escasez de material. En cambio, el año jacobeo, que tiene al azabache como emblema desde tiempos remotos, cuando los peregrinos caminaban hacia Santiago portando un trozo en el bolsillo, llegó con buenas nuevas para esta artesanía.

"No hubo un momento en la historia del azabache en el que confluyeran tantas personas volcadas en el tema", comenta Eliseo mientras pule un medallón.

ESTUDIO Cuenta este artesano que el Principado apoya un estudio arqueológico del azabache, que lo está realizando un equipo de la Universidad de Oviedo, en el que colabora el arqueólogo Rogelio Estrada y que no sólo posibilitará la investigación del material, sino su aprovechamiento, solventando así su escasez. Dos publicaciones, una de Valentín Monte Carreño; y otra de Blanca Alvarez, es la primera ocasión en la que el material aparece novelado, contribuyen también a este momento álgido, en el que se ve el futuro del azabache con otros ojos.

ANCESTRAL Estos acontecimientos animan al artesano, que se dedicó a este oficio de una forma autodidacta y que sigue realizando sus aportaciones a la historia del azabache desde Grado. Eliseo Nicolás se siente cómodo allí, en pleno Camino de Santiago, conservando en el concejo moscón "la artesanía más antigua de la península Ibérica", algo de lo que, según sus propias palabras, "de lo que mucha gente no es consciente".

Mientras trabaja y mima con sus manos al negro material, este artesano va dibujando en su mente su propio futuro. Y planea la creación de una escuela de azabache, como las de Santiago de Compostela y Whitby (Inglaterra), cuna de azabacheros. "Me estoy documentando, sería importante especializar a la gente en la formación de piezas concretas", apunta.

El aspecto de su taller ha cambiado en los últimos años. El azabache abandonó su tradicional soledad y aparece ahora mezclado con otros materiales: lapislázuli, fluorita... Y en las piezas de adorno personal, como pendientes y colgantes, hay más color, sobre todo turquesa y ámbar.

Ciguas, camafeos, sortijas, celosías del prerrománico asturiano y medallones repueblan el estudio del azabachero de Grado, galardonado en numerosas ocasiones, la última con el Urogallo de Bronce del Centro Asturiano de Madrid.

Pero su mayor aliciente es "ver a la gente, ilusionada, en busca de un amuleto protector"; y quita importancia a los premios, "arma de doble filo", a antiguos encargos de la Casa Real, a la elaboración de los premios de Excelencia Turística. El prefiere hablar de sus propias armas de seducción, de limas, de punzones, de cuchillas y de magia.

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